Cris Vanyó es quien más uva recoge de toda la Península Ibérica, y todo a mano. Cuando encuentra una viña abandonada con años sin que nadie la haya cuidado, coge un cubo, salta al bancal y hace la barrica. Sin añadir nada: zumo de uva fermentado, como establece el diccionario. Entonces hace otra, y otra, hasta que no queda nada que recoger, porque la uva no debe perderse.
Su primera barrica fue en 2015, en la Terra Alta (Cataluña), con Laureano Serres Montagut, otro referente del vino natural con quien Cris sigue colaborando. Blancos, tintos, claretes, espumosos: Cris no tiene límites. Un amor de locura que hace el mejor trabajo, porque el secreto de un buen vino es, precisamente, amor y locura.
La viña de Rosariet, orientada al este a una altitud de 400 metros sobre el nivel del mar, se extiende a la umbría de la Serra del Torrater, en Ontinyent (Vall d'Albaida). Parcela de secano estricto, suelo calizo-arcilloso, con cepas de entre veinte y treinta años plantadas en espaldera. El cultivo es ecológico con cubierta vegetal sin labrar, un solo pase de desbrozadora al año. Poda en dos brazos y tres pulgares por brazo.
La uva se corta a mano y se transporta en cajas a la bodega para desraspar. El mosto macera con las pieles durante seis días en depósito de inoxidable, fermentación espontánea incluida, y se prensa en prensa de madera manual. Mes y medio después de la fermentación, el vino se trasiega a barrica donde envejece durante dos meses en madera nueva antes de embotellarse.
¡BRUTAL! Temperatura de consumo recomendada: mejor vino caliente que agua fría.