Una cepa híbrida es el resultado del cruzamiento de dos especies diferentes, con el fin de combinar sus cualidades. A diferencia de los portainjertos, estos híbridos producen uva y, por tanto, vino. Tenían grandes ventajas: eran más resistentes a enfermedades y plagas y permitían producir uva sin tratamientos químicos.

En el siglo XX, el uso de las cepas híbridas se restringió, incluso se prohibió en muchos países europeos como Francia. Oficialmente, se decía que los vinos obtenidos tenían sabores menos refinados. Pero ¿fue esta prohibición solo una cuestión de calidad? Algunos piensan que también había motivos políticos y económicos: los híbridos, más económicos de cultivar, podían poner en peligro los intereses de las grandes bodegas y de las industrias químicas.

En España, la situación fue diferente. Las cepas híbridas no estuvieron totalmente prohibidas, pero su uso ha sido muy minoritario. Hoy, las cepas híbridas están volviendo a despertar interés, especialmente entre los viticultores naturales que quieren trabajar sin químicos. A pesar de ello, las denominaciones de origen siguen siendo muy restrictivas en cuanto a la plantación, favoreciendo las variedades tradicionales.

En Francia, el Merlot representa casi un 15% de la superficie total de las viñas. Esta uniformidad limita la diversidad y la capacidad de resistir el cambio climático. En cambio, Alemania o Suiza permiten mucha más diversidad y apuestan por los híbridos modernos, mejor adaptados a los retos actuales. Algunos ejemplos: el Noah y el Isabelle, dos híbridos americanos que se encuentran en Galicia; el Baco Noir, más habitual en Francia; el Solaris y el Regent, con menos de 60 años de historia. En Cataluña y Galicia, pequeños productores experimentan con híbridos resistentes en proyectos ecológicos.

Con el cambio climático, es urgente encontrar soluciones más resistentes ante fenómenos extremos como la sequía o las nuevas enfermedades. Los híbridos, con su capacidad de resistir sin tratamientos químicos, podrían ser una pieza clave para el futuro de la viticultura. ¿Evolucionará la legislación para adaptarse a estos retos?