Casa Masas

Jordi Solà Contel

Maestrazgo · Mirambel
Jordi Solà Contel, Casa Masas

Jordi es catalán y vive en un antiguo cuartel de la Guardia Civil en Mirambel, un magnífico pueblo medieval donde ha instalado su bodega. Sus viñedos se encuentran en el Maestrazgo valenciano y castellonense, a casi 900 metros de altitud. Es, por tanto, una excepción dentro de nuestro proyecto, aunque no del todo: las fronteras las trazan los hombres, rara vez la naturaleza.

Casa Masas reúne todo lo que buscamos: viñas recuperadas tras años de abandono, una viticultura basada en la mínima intervención, una elaboración completamente libre de aditivos, vinos vivos y alegres, y un viticultor con el que el tiempo deja de existir cuando la conversación gira en torno a lo que realmente importa: compartir, el territorio, los paisajes y la vida rural.

La casa familiar donde vive y trabaja tiene una historia singular. Antiguamente fue un cuartel de la Guardia Civil y más tarde se convirtió en una posada. Allí los viajeros podían dormir, comer, beber, comprar productos de primera necesidad y dejar sus animales en el gran patio interior o en las cuadras. Era un refugio para quienes atravesaban esta región montañosa y aislada del Maestrazgo.

Nacido en Barcelona, en una familia marcada por el éxodo rural de los años cincuenta, Jordi explica cómo la despoblación fue vaciando poco a poco estas montañas. Tras estudiar Enología y trabajar en algunas de las principales regiones vitivinícolas de España, como Priorat, Ribera del Duero, Toro o Castilla, además de una etapa en Sicilia, decidió instalarse aquí definitivamente en 2015. No por nostalgia, sino por la necesidad de bajar el ritmo, reencontrar el sentido de las cosas y construir una forma de vida más coherente.

A su llegada abrió junto a su hermano un pequeño bar-tienda en la casa familiar. Allí servían vinos de la zona, productos locales, tostadas y algunos platos sencillos. Sin embargo, la viña terminó ocupándolo todo. Los vecinos comenzaron a confiarle pequeñas parcelas abandonadas cuyos propietarios, ya mayores, no podían seguir cultivando. Poco a poco recuperó unas tres hectáreas de viejas viñas dispersas por las montañas.

Las parcelas son diminutas y muchas fueron plantadas poco después de la filoxera. Algunas datan de las décadas de 1940 y 1950. Muchas son plantaciones mezcladas donde conviven Garnacha, Bobal, Bonicaire, Royal, Morenillo y otras variedades locales hoy casi desaparecidas. Jordi cultiva principalmente Garnacha, muy presente en los alrededores de Portell, pero también Bobal, conocida antiguamente como Tinta Requena, Bonicaire, típica del norte de Castellón, y Royal, llamada localmente Rojal o Royal de Alloza. En algunas parcelas también aparecen Morenillo y otras variedades antiguas difíciles de identificar en la actualidad. Para Jordi, esta diversidad representa la esencia de la viticultura campesina tradicional, donde la resiliencia era mucho más importante que la uniformidad.

El paisaje también habla de una desaparición. Antiguamente la comarca era eminentemente agrícola y estaba dedicada en gran parte a la ganadería ovina. Hoy muchas tierras han sido abandonadas o reconvertidas a la ganadería bovina, más fácil de gestionar. Muchas de las viñas que aún existen solo han sobrevivido porque algunas familias seguían elaborando vino para su propio consumo.

En 2019 Jordi legalizó oficialmente su pequeña bodega, de unos cuarenta metros cuadrados, y comenzó a comercializar sus vinos. La producción sigue siendo muy reducida, entre 2.500 y 4.800 botellas según la cosecha. Las recientes sequías han reducido considerablemente los rendimientos, obligándole algunos años a comprar una pequeña cantidad de uva en el Bajo Aragón o en el Matarraña para completar la producción.

Su filosofía del vino natural es radical, pero también pragmática. Tras sus primeras elaboraciones, en las que utilizaba sulfitos y clarificación con clara de huevo, decidió en 2014 dejar de añadir cualquier tipo de insumo. Ni levaduras, ni aditivos, ni apenas filtración. Únicamente realiza un filtrado muy grueso, más para evitar que algún insecto o impureza llegue a la botella que para modificar el vino. La estabilización tartárica se produce de forma natural gracias al intenso frío de los inviernos aragoneses.

Hoy el bar ha cerrado. Compatibilizarlo con el trabajo en la viña se volvió imposible, especialmente en una región donde resulta muy difícil encontrar personal. Ahora Jordi recibe a los visitantes con catas acompañadas de comidas preparadas con reserva previa. Más que una visita técnica a la bodega, ofrece una experiencia en torno al vino, la gastronomía local, las historias y el tiempo compartido.

Cuando habla del futuro no menciona crecer ni expandirse. Su única ambición es conservar estas viejas viñas, seguir trabajando a su propio ritmo y contribuir a mantener vivo un paisaje agrícola que desaparece lentamente.

Viñas de Casa Masas, Maestrazgo

La Foia

Vino tinto · Bobal 100% · 13,5% Vol.

Cuando elegimos un vino para nuestra selección no seguimos ninguna regla. Simplemente nos quedamos con el que más nos emociona y mejor encaja en el conjunto de vinos que ofrecemos. De Ferrer-Gallego preferimos el Cencibel al Bobal. En cambio, de Jordi fue precisamente un Bobal el que nos conquistó, aunque probablemente no sea la variedad más representativa de esta parte de la provincia de Castellón. Si eso contribuye a romper algunos tópicos, mejor aún.

El viñedo se encuentra en el término municipal de Cinctorres, en la comarca de Els Ports, a unos 900 metros de altitud. Fue plantado en 1936 y Jordi lo recuperó en 2019 tras permanecer dos años abandonado. Aunque el Bobal es claramente mayoritario, también aparecen algunas cepas de Garnacha, Monastrell y Bonicaire, testimonio de las antiguas plantaciones mezcladas características del Mediterráneo.

La uva se vendimia a principios de octubre y se despalilla sin estrujar. A continuación realiza una maceración con los hollejos de unos cuarenta días antes del descube y el prensado. Una parte del vino se cría en barricas de roble francés y la otra en depósitos de acero inoxidable. Tras un año de crianza, ambos lotes se ensamblan y el vino permanece otros seis meses en acero inoxidable antes de embotellarse en julio.

La Foia es un vino potente y estructurado que, al mismo tiempo, conserva una gran fluidez y elegancia. El paso del tiempo ha integrado su acidez, aportándole frescura, tensión y una larga persistencia en boca.

La Foia, vino tinto de Casa Masas
← Volver al inicio